El fútbol vive de mitos, leyendas y jugadas que desafían la física. Millones de aficionados han acudido a los estadios para presenciar lo imposible, ese instante en que un deportista se transforma en artista.
Hoy en día, los aficionados interactúan con el deporte de maneras nuevas y siempre buscan maneras de involucrarse más y más cerca de la acción, ya sea revisando estadísticas avanzadas o viendo si hay algún código de bono bet365 para hacer más emocionante el juego. Pero antes de la era digital y el 4K, la magia solo residía en la creatividad de los jugadores sobre el césped.
En este sentido, una de las jugadas más maravillosas de todos los tiempos no se inventó en los estadios de Europa ni en las playas de Río de Janeiro. Se inventó en un puerto del sur de Chile, gracias a un hombre que descubrió que el suelo no era el único lugar para jugar a la pelota.
La historia nos traslada a principios del siglo XX al puerto de Talcahuano. Allí residía Ramón Unzaga Asla, inmigrante vasco que arribó a Chile cuando tenía doce años y se nacionalizó orgullosamente.
Unzaga no era un jugador ordinario, pues era un atleta completo: nadador, corredor y saltador con garrocha. Sin lugar a dudas, esta superioridad física le daba una ventaja sobre sus compañeros y le permitía hacer cosas que otros no podían hacer.
En enero de 1914, en el estadio El Morro de Talcahuano, Unzaga ejecutó por primera vez en un partido oficial la maniobra que lo haría inmortal. Disputando un partido con la selección local ante Inglaterra, el zaguero se vio en un aprieto. En vez de reventar la pelota o intentar dominarla, Unzaga se dejó caer de espaldas, levantó las piernas y le pegó en el aire con una violencia estética. Siendo la primera vez que el público veía algo similar, como es entendible, todos quedaron boquiabiertos.
En aquel tiempo la jugada no estaba bautizada y era conocida folklóricamente como la chorera, en alusión a la escuela de fútbol de Talcahuano. Lo curioso es que Unzaga lo usaba sobre todo como un recurso defensivo para alejar el peligro de su zona sin perder la posición, contrastante al uso ofensivo que hoy se le reconoce.
La acción habría quedado en una anécdota local de no ser por el Campeonato Sudamericano de 1916, lo que hoy conocemos como Copa América. La selección chilena viajó a Buenos Aires para este primer evento. En aquel equipo estaba Ramón Unzaga y no dudó en mostrar su repertorio acrobático ante el continente.
En el primer partido ante Uruguay, Unzaga volvió a saltar para detener los ataques charrúas. La prensa argentina y las multitudes en las gradas no podían creerlo, ya que nunca habían visto a un defensa resolver así.
Y claro, al no existir un nombre técnico para la acción, los periodistas empezaron a llamarla por la nacionalidad del que la realizaba. El central hizo una chilena, decían. El nombre se viralizó en las historias de la época y llegó al resto de Sudamérica y posteriormente a España, estableciéndose así el nombre con el que se le conoce hasta el día de hoy en el mundo de habla hispana.
La autoría de esta maniobra ha sido muy discutida históricamente con Perú. En el vecino país se le llama chalaca y se dice que nació en el puerto del Callao a fines del siglo XIX, cuando pobladores locales jugaban contra marineros ingleses. Historiadores peruanos afirman que esta práctica es anterior a la demostración de Unzaga en Talcahuano.
Pero la diferencia crucial la hace el registro y la forma. Mientras que la peruana es folklórica y de juego callejero, la de Unzaga tiene fechas, partidos oficiales y recortes de periódicos de 1914 y 1916 que explican la mecánica del movimiento tal como la conocemos en la actualidad.
Pero además, la habilidad atlética de Unzaga para suspenderse en el aire y golpear el balón en su punto más alto le agregó un elemento técnico que terminó por asombrar al mundo. Y aunque la discusión sobre quién pateó primero un balón de espaldas puede ser infinita, la mundialización de la palabra chilena y su asociación inmediata con la imagen de Unzaga es un hecho instalado por la prensa internacional de principios de siglo.
Con el tiempo, la chilena dejó de ser una rareza defensiva para transformarse en el arma más espectacular de los atacantes. Lo que Unzaga utilizaba para prevenir goles, ahora los delanteros más letales lo usaban para anotarlos. La dificultad técnica de la ejecución hace que cada gol sea imborrable.
En Talcahuano, el nombre de Unzaga vive. Una estatua frente al estadio El Morro inmortaliza el instante preciso de la acrobacia y les recuerda a todos quienes llegan que en ese puerto nació la jugada más famosa del mundo. Recibe nuestras noticias en: WhatsApp | Instagram | Newsletter.
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