Historias DiarioSur
Por Pablo Santiesteban , 3 de febrero de 2022

Niebla, la puerta al Pacífico de los valdivianos

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El fuerte de Niebla a fines del siglo XIX ya era visitado por los valdivianos. (Archivo del Fuerte de Niebla).
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Para los valdivianos el balneario de Niebla es sinónimo de playa y mar y hasta sólo un poco más de 100 años ya era considerada un lugar para ir de paseo vía marítima, por lo que no cualquiera tenía el acceso que hoy es posible a través del puente cruces.

Según historiadores valdivianos y archivos del Museo de Niebla, la localidad costera no debe su nombre por la neblina, sino por el encomendero español Francisco de Niebla que habría llegado a Chile junto a la comitiva del gobernador García Hurtado de Mendoza en 1557. Poco se sabe de este encomendero, pero según la recopilación histórica del padre Gabriel Guarda, Francisco de Niebla figura en 1565 como tesorero de la Real Caja de Hacienda de Valdivia.

La labor de un encomendero, además de poseer la tierra, era trabajarla y se le encomendaba, valga de redundancia, a un grupo de indígenas para que trabajen dicha a tierra a cambio de protección y de la evangelización de los mismos a la religión cristiana. La encomienda de servicio implicaba la entrega de tributo por parte de los indígenas, pero en Chile mayormente consistió en servicio personales que realizaban como mano de obra, muchas veces en los lavaderos de oro, un trabajo que consumía la vida de los huilliches en Valdivia y que en muchos casos rayaba en esclavitud, pese a que la Corona Hispánica tenía prohibido esclavizar a los indígenas, pues eran considerados súbditos del rey.

Niebla tenía relación con otros lugares típicamente turísticos de la costa valdiviana como Corral, cuyo nombre surge del encomendero y alcalde de Valdivia en 1568, Alonso de Corral, aunque para los indígenas el lugar y la bahía se denominaban “Cuyamo”. También estaba la isla de Güiguacabin que era propiedad del lonko Leochengo, pero después pasó a Constantino Pérez hasta que en 1645 se le denominó Mancera en 1645. 

En el siglo XVII los jesuitas tenían una estancia en el sector de Coipuco (actual Estancilla), dedicada a la Virgen del Milagro, pero que en 1667 abandonaron por orden del rey de España.

LA LLEGADA DEL MARQUÉS 

El 24 de noviembre de 1599 Valdivia fue destruida por un ataque de los mapuches y huilliches y quedó abandonada hasta 1643 cuando el holandés Elías Herckmans intentó levantar una colonia sin éxito. Entre febrero y marzo de 1645 el Virrey del Perú envía una expedición repobladora a las ruinas de la ciudad, la más grande que se conociera en aquella época, dirigida por su propio hijo Antonio Sebastián de Toledo, marqués de Mancera.

El marqués vislumbró la necesidad de levantar una batería de fuertes que cerrara el paso de corsarios ingleses u holandeses y así se dio inicio a los famosos castillos de la costa, incluido el castillo de la Limpia y Pura Concepción de Monfort de Lemos de Niebla. En la boca del estuario del río Valdivia se levanta el castillo de Niebla, el de San Luis de Alba de Amargos, San Sebastián de la Cruz en Corral y San Pedro de Alcántara en Mancera. Se establecen, además, parlamentos y acuerdos con el toqui principal de Mariquina, Juan Manqueante, quien solicita una misión y un fuerte: el Castillo San Luis de Alba de Cruces, en la ribera del río del mismo nombre a 18 km al sur de la actual comuna de San José de la Mariquina.

Entre 1645 y 1670 se establecen las estructuras fundamentales de los castillos que protegerán la boca del río, por eso Valdivia fue llamada "llave del Mar del Sur" y dependió directamente del Virreinato del Perú, y no de Chile, recibiendo sueldos, alimentos, materiales y vestuario a través del Real Situado que llegaba anualmente desde Lima. 

Además de Herckmans en 1643 hubo otros corsarios que ambicionaron tomar los fuertes y apoderarse del puerto de Valdivia, tal como en 1670 cuando estuvo el inglés John Narborough, quien vio maleados sus planes con la captura del espía Carlos Henríquez; en 1684 el bucanero Swan, a quien los españoles matan varios hombres, y en 1690 con John Strong, quien posteriormente reconoció las islas Malvinas.

Ya fines del siglo XVIII el cronista valdiviano Pedro de Usauro Martínez de Bernabé hablaba en sus escritos de lo provechoso que sería levantar un poblado en Niebla, usando como eje el Estero La Huairona, donde se encontraban las antiguas minas

El castillo de Niebla y todos los demás cayeron entre el 3 y 4 de febrero de 1820 cuando las tropas patriotas comandadas por Lord Thomas Cochrane logran tomarse Corral y Valdivia en una hazaña militar notable para la época. Cochrane se llevó casi todos los cañones de los fuertes para usarlos en su expedición al Callao. Los cañones actuales son los que habían sido dados de baja por los españoles en el siglo XVIII.

EL RUINOSO CASTILLO

Tras la toma de 1820 Valdivia decayó como ciudad. Niebla se transformó en una caleta de pescadores y el castillo que tanta fama tuvo fue desplazado a un protagonismo secundario. Recién en 1831 el naturalista e ilustrador francés Claudio Gay dibujó un plano del castillo de Niebla, donde aparece el cañón que protegía del desembarco en Playa Grande y la huerta. En 1835 el naturalista Charles Darwin visitó el castillo, declarándolo “ruinoso”

Los vestigios arqueológicos del castillo, a través del análisis de la loza del siglo XIX, demostraron que hubo una ocupación permanente, ya de carácter turístico o asociado a la casa del farero.

Hubo que esperar hasta avanzado el siglo XX cuando gracias al trabajo de rescate patrimonial iniciado por el fotógrafo Roberto Montandon, el Estado de Chile los declaró Monumentos Históricos en 1950. Se reconstruyeron los cimientos de algunos edificios, junto a la de los castillos de Mancera, Amargos, San Carlos y Corral. Los trabajos prosiguieron hasta después del terremoto de 1960.

En 1990 los castillos fueron visitados por los reyes de España Juan Carlos y Sofía de Borbón en una gira que realizaron por Chile.

Entre el 2013 y 2014 a través del Programa de Puesta en Valor del Patrimonio se restauró el Castillo de Niebla; se construyeron las pasarelas aéreas que le dan un rostro moderno al monumento, reduciendo el impacto de la gran demanda turística sobre los frágiles restos y realizando un rescate arqueológico, que engruesa las colecciones.

LA CALETA DE PESCADORES

Según el libro del antropólogo Luis Aguirre, “Niebla, 1950-2010, de nuevas historias a nuevas ruralidades”, a mediados del siglo XX ya se consideraban los sectores de Niebla Alto y Niebla Bajo y que en el sector de la caleta El Piojo había unas 50 familias que habitaban el lugar. 

Existían hoteles turísticos, cruzado por el estero La Huairona, como el Hotel Riechers, el Hotel Völke, el Hotel Werner, la casa Gamper´s –ubicada en el lugar donde se encuentra el actual internado–, y unos pocos sitios de familias de pescadores, como el de la familia Ochoa, la del artesano Manuel Ortiz y de algunos letrados de Valdivia, doctores o propietarios de alguna empresa o almacén, como José Valdés (dueño del sector de la Villa el Delfín), Luis Bernucci, Luis Gallardo, el dentista Osorio, Leonardo Mancini y Oscar Muñoz, entre otros. 

También desde antes del terremoto existía la posta de Niebla, pero no tenía mucha concurrencia porque no había un médico permanente e igual había que viajar a Valdivia en lancha.

Respecto a la educación, en 1905 ya existía una escuela rural en Niebla y que recibía a alumnos de Los Molinos, Las Canteras y Tres Espinos.

El terremoto de 1960 afectó la localidad y dejó una huella en sus playas, pues la actual Playa Grande tenía dimensiones mucho mayores de las que posee ahora y para qué decir de la Playa Chica y la de Los Enamorados. El mar le ganó la eterna batalla a la tierra y la arena.

NIEBLA MODERNO

Según el libro de Luis Aguirre después del terremoto, en Playa Chica y en terrenos de Gustavo Prochelle, el SERVIU construyó una población llamada CORVI, con 36 casas para las familias que habían perdido sus hogares; el lugar contaba con pequeños sitios para poder cultivar, además de una cancha para que pudieran jugar los niños.

De un total aproximado de 40 familias, sólo 22 se reubicaron en 1969 en el sector alto de los cerros, en la nueva población «Miramar». Esta población fue construida por los habitantes de Niebla, apoyados por Ingenieros del Regimiento de Valdivia. 

En 1962 varias familias valdivianas comenzaron a adquirir terrenos como segunda vivienda, pensando en vacacionar en el verano o retirarse a un lugar tranquilo. Así surgió la Villa Playa Grande desde donde está el almacén Dilac –que aún existe- y que termina en la quebrada de la playa. Invaluable fue la ayuda para esos nuevos residentes del pescador Luis Cárdenas y Elsa Miranda que ya habitaban en el balneario. Cárdenas terminó siendo el cuidador de la villa y era recordado como un hombre “muy servicial” y la señora Elsa viajaba desde Los Molinos a caballo para ofrecer mariscos a los nuevos vecinos o a veces ayudaba a lavar la ropa de las familias que no contaban con agua potable.

En 1961 se construye el actual internado de Niebla que depende de la Municipalidad de Valdivia.

EL CAMINO, LAS MICROS Y EL PUENTE

En la década de los 70 del siglo XX se empezó a enripiar un camino costero para acceder a Niebla vía terrestre. En los veranos el camino dejaba lleno de tierra las casas de los vecinos, pero el hecho de vivir en la naturaleza y el mar era algo impagable.

A fines de la década de los 70 los vecinos valdivianos de la localidad organizaron la celebración de la Semana Nieblina que coincidía con las celebraciones de las Fiestas Patrias.

La obra de Luis Aguirre dice que la primera micro a Niebla fue la de Carlos Díaz, un buzo pescador que decidió vender sus materiales y comprar el vehículo. Él fue el pionero de las actuales micros naranjas de la Línea 20.

Si la pesca era la principal fuente de ingresos para los habitantes de Niebla, ya en los años 80 cambia a la oferta turística. 

El 20 de enero de 1984 se crea oficialmente la Décima Compañía de Bomberos de Niebla cuyos primeros socios fueron Sandalio Guzmán, Jesús Ordeix, Carlos Matamala, Rafael Guzmán, Eduardo Salas, Edgardo Vera, Eliseo Barruel, Ignacio Vergara, Horacio Saldívar, Benito Villanueva, Julio Delgado, Luis Cárdenas, Cipriano Jaramillo y Juan Saavedra, entre otros.

La inauguración del puente Cruces en 1987 cambió toda la perspectiva y Niebla quedó aún más unida a Valdivia. El entonces Presidente de la República Augusto Pinochet estuvo en la ceremonia de corte de cinta, muy bien custodiado por sus guardaespaldas. Un periodista de la época contó a Grupo DiarioSur que un momento jocoso del mandatario fue cuando sorprendió a sus guardaespaldas y quiso correr por un lado del puente, obligando a estos hombres de gafas oscuras a seguirlo, mientras éste se reía de ellos.

 Otro hito que marcó a Niebla hasta nuestros días es la inauguración de la Feria Costumbrista de Niebla a fines de la década de los 80. La gastronomía, la música y las tradiciones son un punto de encuentro en esta feria que se ha hecho nacionalmente conocida e incluso por turistas extranjeros que disfrutan y conocen una parte del ser sureño y, muy en especial, del orgullo de ser costero.

 

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