El río Bueno podría decirse que era la frontera natural entre los españoles y los huilliches, una relación bastante tirante y que los llevó a enfrentarse en dos ocasiones, el 11 de enero de 1654 cuando los europeos intentaron levantar un puente de pontones y fueron rechazados y la segunda batalla se dio el 27 de enero de 1759.
A los españoles les interesaba pasar por el Futawillimapu –territorio huilliche- para unir Valdivia con Osorno y de ahí lograr un camino expedito hacia Carelmapu y Chiloé.
El 18 de septiembre de 1777 salió de Valdivia una expedición al mando del capitán Ignacio Pinuer con el objetivo de encontrar la Ciudad de los Césares y que contó con la ayuda del cacique Antillanca.
Nunca se encontró tal ciudad mítica y lo más probable es que la expedición haya sido un ardid para que los españoles pudieran adentrarse en el territorio del río Bueno, mientras que para el cacique Antillanca fue provechoso granjearse el apoyo del ejército de Pinuer para que el resto de las tribus huilliches lo vieran al lado de un ejército bien armado.
Lo cierto es que dicha expedición significó el levantamiento de un fuerte español el 3 de enero de 1778. Junto a ello, al año siguiente, se dio permiso para que se creara la Misión Franciscana de San Pablo Apóstol que inició un proceso de conversión al cristianismo entre las tribus huilliches.
Los primeros misioneros fueron los religiosos de la orden Franciscana Antonio Castellanos y Francisco Javier Alday que negociaron con los caciques Paillallau y Queipul para que les cedieran los terrenos ubicados al sur de la actual avenida Arturo Prat de Río Bueno y los ríos Contra y Bueno respectivamente más terrenos en Contra Coronel al otro lado del río Contra. La iglesia se levantó donde actualmente está la actual iglesia parroquial.
Muy cerca de la misión, al final de las actuales calles San Martín y Lynch por avenida Arturo Prat, se levantó el fuerte “Purísima concepción” el que fue desmantelado pocos años después ha pedido de los propios misioneros por considerar estos, que los abusos de los soldados con los indígenas entorpecían su labor evangelizadora.
El 23 de septiembre de 1792 se produjo un levantamiento huilliche en la zona del río Bueno, capitaneado por los caciques Queipul y Futañirre. Los indígenas quemaron la misión, el fuerte y varias haciendas; asesinaron al misionero Antonio Cuzco, al correo real Carlos Mole, a cinco españoles más y raptaron a dos mujeres blancas y varios niños.
Los españoles enviaron una misión punitiva a cargo del implacable oficial Tomás de Figueroa, acción que resultó sangrienta para los indígenas.
El cacique Queipul huyó por la cordillera y con total audacia logró llegar hasta Santiago para entrevistarse con el gobernador de la época, Ambrosio Higgins –padre de Bernardo O’Higgins- quien le perdonó y lo nombra gobernador alcalde de todos los pueblos huilliches del sur.
La misión franciscana fue repuesta en 1793, pero también se reconstruye el fuerte español que esta vez se bautiza con el nombre de “San José de Alcudia” en honor a Manuel Godoy, duque de Alcudia, y ministro de hacienda del rey Carlos IV de España.
Los trabajos de construcción del fuerte San José de Alcudia estuvieron a cargo del ingeniero militar de los reales ejércitos de su majestad, capitán Manuel Olaguer Feliú, quien solicitó la ayuda de cuarenta presidiarios e indígenas de la reducción.
La obra se levantó en piedra cancagua, material extraído del sector la cantera, y el fuerte se ubicó en un barranco a la orilla del río y a 500 metros más al oriente del anterior. Las crónicas antiguas señalan que para el año 1795 el fuerte ya era ocupado por 40 soldados y un comandante.
En 1796 el gobernador Ambrosio Higgins logró el objetivo de refundar Osorno y solicitó a su sobrino Tomás Higgins –primo del prócer Bernardo O’Higgins- que levantara la Villa de San José de Alcudia para los indígenas de la reducción. Junto al alarife Julián Pinuer trazaron calles y repartieron sitios para fundar el primer y único pueblo de indios en el sur.
A poco andar la iniciativa no prosperó porque al retirarse el sobrino del Higgins, los indígenas se volvieron a las montañas, llevándose consigo los regalos y obsequios recibidos. No querían que los españoles les impusieran el modo de vivir occidental y prefirieron seguir con sus tradiciones.
Por otro lado, los misioneros franciscanos, muy respetados entre la población huilliche, intensificaron su acción evangelizadora y levantaron otras misiones al sur del río Bueno como la de Quilacahuín y Cuyunco.
El pueblo de Río Bueno se fue afianzando por el fuerte y la misión, pero muy especialmente por el mestizaje. Viejos documentos de la misión riobuenina evidencian varios matrimonios cristianos entre españoles y mujeres huilliches en los primeros años del siglo XIX, uniones que poco a poco fueron dando vida a la actual comunidad riobuenina que este 3 de enero cumple 248 años de vida urbana.
En 1927 el fuerte fue declarado Monumento Nacional por el Consejo de Monumentos Nacionales, mientras que la Misión de Río Bueno hoy es la Parroquia Inmaculada Concepción que ocupa el templo y la casa parroquial actual. Recibe nuestras noticias en: WhatsApp | Instagram | Newsletter.
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