Historias DiarioSur

Punucapa, un pueblo entre dos santuarios

Por Pablo Santiesteban / 1 de febrero de 2026 | 14:30
Punucapa está en el Santuario de la Naturaleza, además posee el Santuario Mariano de la Candelaria y es el pueblo por excelencia de la buena sidra. Crédito: redes sociales.
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[#HistoriasDiarioSur] Un pueblo costero que revive con la fiesta de la Candelaria y que es la llave al Santuario de la Naturaleza Carlos Anwandter. Historia, curiosidades y buena sidra.
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Pocos habitantes del sur de Chile tienen el privilegio de decir que su pueblo está entre dos santuarios, el primero el Santuario de la Naturaleza Carlos Anwandter, rodeado de las bellezas paisajísticas del río Cruces donde los colonizadores españoles asentaron el pueblo, y el segundo el Santuario Mariano de Nuestra Señora de la Candelaria, un espacio espiritual que anualmente motiva a valdivianos a peregrinar y pagar sus mandas.

El nombre original del pueblo se relaciona con el mapudungun “Kunu Kapi“, que significa “Tierra apta para el cultivo de legumbres“, por lo que se puede extrapolar que era un centro de cultivo importante para las familias huilliches antes de la llegada de los españoles.

El primer registro de españoles en el sector data del siglo XVIII cuando se entregaron tierras en encomienda, siendo una de ellas la hacienda El Corcovado en el sector de Punucapa, perteneciente al militar Buenaventura Gómez y Almazada, quien fue administrador general de correos en 1776 y alcalde del Cabildo de Valdivia en 1793.

En aquel entonces la aldea estaba compuesta por algunas pocas casas de madera y cultivos y huertos, además de frutillares y manzanos, estos últimos protagonistas del lugar, pues los españoles tenían la costumbre de hacer sidra como lo hacían en Europa. Los manzanos que plantaron en Punucapa terminaron siendo un tesoro y se mantienen casi 250 años después hasta nuestros días con las fábricas de sidra y chicha del pueblo.

Unas pocas familias valdivianas se asentaron en el lugar en el siglo XVIII, principalmente viviendo de la agricultura. Al pueblo sólo se podía acceder por el río, pues no tuvo un camino de tierra sino hasta 1987 cuando la costa valdiviana inició una revolución vial con la construcción del puente Cruces y se empezó a levantar el camino costero hacia Curiñanco.

El 20 de mayo de 1859 un barbudo alemán llamado Paul Treutler visitó Punucapa con el objetivo de encontrar oro. Para ello se adentró en la Cueva de los Brujos e inició su búsqueda, pero nunca pudo encontrar el ansiado metal que buscó con ahínco por toda la provincia de Valdivia.

La Candelaria

Según archivos del Santuario de Punucapa, la veneración a la Virgen de la Candelaria surgió gracias a una nieta del primer dueño de la hacienda El Corcovado, Buenaventura Gomez, la dama Carmen Gómez Campillo, ligada a la alta sociedad valdiviana. Ella fue quien donó la actual imagen de la Candelaria en el siglo XIX y antes de que se levantara el templo. La imagen estuvo en la casa del vecino Elías Lorca y fue trasladada con gran recogimiento a la espera que la iglesia sea terminada.

Las ropas de la imagen fueron confeccionadas por doña Emiliana Carvallo de Lorca. Tradicionalmente el color de esta Virgen es el amarillo, pero las damas punucapeñas usaron el color rojo para el vestido, el celeste de su cinta y el azul para su Capa. Sólo en Punucapa la Candelaria luce así.

La devoción hizo que los propios punucapeños crearan un himno a la Virgen de la Candelaria y que cada 2 de febrero se canta así:

Viva la Virgen de Candelaria,

que en Punucapa tiene su altar,

y Reine siempre triunfante Cristo,

en este Pueblo Noble y leal.

Adiós oh Reina de mis amores

de tu presencia me voy a ir,

te dejo el alma entre las flores,

que en tus altares van a morir.

La llegada a Punucapa desde el muelle. Crédito: cedida.

El templo y la fiesta

Fue el párroco José Brahmm, ligado a la orden de los jesuitas, quien motivó la construcción de una iglesia con la advocación de Nuestra Señora de la Candelaria y, con la ayuda de los punucapeños, se empezó a construir en 1880 hasta que fue finalizada en 1882.

La primera fiesta de la Candelaria se vivió el 2 de febrero de 1882 y desde entonces la peregrinación y misas han continuado.

La noche del 1 de febrero, en la víspera de la fiesta, se celebra la eucaristía en recuerdo de los difuntos del sector y se lleva a cabo una procesión nocturna hasta el cementerio del lugar en una íntima romería nocturna donde la comunidad recuerda a quienes dejaron su vida en esta tierra.

Durante el día 2 se realizan eucaristías, visitas a la imagen de la Virgen y una procesión desde el Santuario hasta el muelle del poblado para dar testimonio de fe, agradecimiento y devoción a la Virgen Patrona de Punucapa.

Las actuales imágenes del Cristo Crucificado y de San Sebastián que están en el Santuario fueron traídas desde la Catedral de Valdivia que se cayó durante el terremoto del 22 de mayo de 1960.

Actualmente el Santuario de Nuestra Señora de la Candelaria de Punucapa es el templo más antiguo de la Región de Los Ríos y que fue sometido a reparaciones en los últimos años.

El ciprés y la sidra

Punucapa resulta un paseo obligado para los turistas que deseen conectar con la naturaleza y hay muchos tours fluviales para surcar los ríos y llegar hasta el mismo pueblo del Santuario de la Naturaleza.

El pueblo posee uno de los árboles más antiguos de la región, pues cerca de la iglesia hay un ciprés macrocarpa cuya antigüedad es calculada en 300 años. Se necesitan más de 20 personas para rodear el antiguo árbol.

Más de 300 años tiene este ciprés. Crédito: cedida.

Otra curiosidad es la sidra de Punucapa, producto de gran fama en la región y que obtuvo su denominación de origen. Esta sidra se caracteriza por su baja graduación alcohólica de 4° a 5° por su fabricación artesanal y por las variedades de manzana que se emplean.

La Sociedad Agropecuaria de Punucapa es la que custodia el secreto de este elixir cotizado para las Fiestas Patrias y exigido por turistas y peregrinas en la Fiesta de la Candelaria.

Insectos gigantes

En Punucapa hay insectos gigantes, pero no se aflija, no es que lo van a picar, se trata del Parque de los Insectos Ishiku Lemu.

Se trata de una iniciativa surgida en 2024 y ofrece un recorrido con maquetas de gran escala de insectos nativos para resaltar su importancia ecológica, conectando el turismo sostenible con la conservación del Santuario de la Naturaleza Carlos Anwandter

Existe un sendero de kilómetro y medio para visitar, ver las maquetas en tamaña grande de los insectos y ver a los verdaderos insectos en el paisaje de la selva valdiviana.

Parque Ishiku Lemu. Crédito: cedida.

El otro santuario

El terremoto de 1960 cambió bastante el paisaje del pueblo, pues los antiguos punucapeños señalan que antes había mucho terreno de cultivos y que después se inundaron.

El hundimiento del terreno fue de aproximadamente 3 metros, inundando las pampas agrícolas que abastecían a la ciudad y que cambiaron la geografía para siempre. Sin embargo, la catástrofe dio origen años después al ecosistema del Santuario de la Naturaleza Carlos Anwandter.

En 1981, 4.877 hectáreas del humedal se declararon Santuario de la Naturaleza por el Ministerio de Educación y en ese mismo año el humedal se convirtió en el primer sitio Ramsar de Chile.

El santuario se ubica tres kilómetros al norte de Valdivia e incluye los humedales de los ríos Cruces y Chorocomayo. Su inicio se delimita en la separación de los ríos Cruces y Cau-cau, al norte de la isla Teja, y termina a dos kilómetros al norte del castillo San Luis del Alba en la comuna de Mariquina. Posee una extensión de 25 kilómetros y un ancho promedio de 2 kilómetros.

Sin duda este es el segundo santuario de paz y Punucapa es como la llave de acceso a él. Un lugar donde las palabras sobran y el silencio se agradece. Lo curioso es que todos los 2 de febrero es el Día Internacional de los Humedales, el mismo día en que se celebra la Candelaria, una feliz coincidencia para celebrar por partida doble en este pueblo noble y leal… como dice el himno de la Candelaria de Punucapa.  Recibe nuestras noticias en: WhatsApp | Instagram | Newsletter.

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