Las obras públicas son parte de la humanidad desde los primeros conceptos de urbanización y por la necesidad de comunicarse, motivado principalmente por el comercio y las relaciones personales.
En el sur de Chile, en plena época de la Colonia, todo se hacía a pulso y casi con fuerza humana, pero la corona española en América tenía ingenieros notables, incluso extranjeros, que ofrecieron su genio en diversas obras, principalmente en fuertes como los levantados en la costa valdiviana, en Osorno, Carelmapu y Chiloé.
Pero una de las obras más magistrales de aquellos años de la colonia y que, pese al paso de los años, aún persiste es la ruta que se conoció como el Camino Real, una carretera que empezó a levantarse en 1791 y que comenzaba desde Corral, pasando por Río Bueno, la refundada Osorno hasta Maullín para desde ahí pasar hacia la isla de Chiloé y continuar hasta la ciudad de Castro.
Por aquellos años la corona española vio la construcción del camino como una ruta estratégica, pues desde la península ibérica los reyes sentían que el sur de América era importante para contrarrestar posibles invasiones de piratas ingleses o de otras potencias marítimas.
En 1784 se firmó la real orden en la cual se le ordena al gobernador de Chiloé, Francisco Hurtado, la construcción del camino. En tanto, en Valdivia, el gobernador Mariano Pusterla inició por su propia cuenta la construcción de un camino, argumentando que con ello buscaba colaborar con los esfuerzos que se hacían desde Chiloé para abrir el camino.
En el fondo fue una lucha de protagonismos entre Hurtado y Pusterla para congraciarse con el rey Carlos III y después con el rey Carlos IV para ver quién lograba la gloria de realizar el proyecto, todo esto de acuerdo a la que se indica en el libro “El camino de arriba chileno y el camino de Chiloé a Valdivia“ de María Ximena Urbina.
El gran problema era que al sur del río Bueno el pueblo huilliche miraba con profundas desconfianzas las incursiones españolas hacia su territorio. A ello, María Ximena Urbina relata en su libro que el gobernador Hurtado tenía una visión más belicista a la hora de ir abriendo el Camino Real por tierra huilliche, mientras que Pusterla proponía una estrategia de diálogo con los lonkos.
El proyecto comenzó a hacerse realidad a fines del 1787 cuando los caciques Tangol y Catriguala que “ocupaban y mandaban los terrenos entre Río Bueno y Chiloé” visitaron al gobernador de Valdivia para reafirmar la paz, porque según él mismo, habían tenido noticias de los preparativos bélicos desde Chiloé y buscaban el apoyo de la Plaza en razón de amigos y aliados.

Con el Tratado de Paz de Río Bueno que se firmaría el 24 de febrero de 1789, a orillas del Río Bueno, los huilliches ofrecen permitir a los españoles ocupar las ruinas de Osorno –abandonada desde 1602- y facilitar la apertura del Camino Real a Chiloé. Ese mismo hecho se ratificaría también luego de celebrado el Parlamento de Las Canoas, en las orillas del río Rahue en 1793.
En el verano de 1791 un equipo compuesto por 104 presos, cuatro cabos y 20 soldados para su custodia y bajo la dirección del ingeniero Manuel Olaguer Feliú trabajó en el ensanche del camino, encontrándose en el río Maipué con los trabajadores que hacían lo propio desde Chiloé.
Enviados por Pedro Cañaveral (el nuevo gobernador de Chiloé), los chilotes habían salido el 12 de febrero de 1791 al mando de los capitanes Antonio Mata y Pedro Mansilla, los cuales trabajaron durante 72 días "planchando" todo el ensanche del camino y levantando un total de 70 puentes.
Fue un trabajo durísimo, pues los trabajadores lucharon contra las dificultades naturales para abrir la carretera y también con las enfermedades, pues algunos trabajadores enfermera de disentería, provocando muchas molestias.
El ingeniero Manuel Olaguer Feliú, posteriormente, fue quien levantó el fuerte Reina María Luisa de Osorno entre 1793 a 1794 y el trazado y los fuertes del cerro Santa Lucía en Santiago, en 1816.
La creación del Camino Real, además de comunicar la zona entre Valdivia y Chiloé, produjo el surgimiento de una serie de pequeños poblados entre las ciudades, en especial en la ruta que conectaba al sur por la costa. Entre estos poblados surgirían la villa de Riachuelo, Trumao, Río Negro, Río Frío, Fresia o la ciudad de Maullín.
Los historiadores comparan dicho fenómeno con la construcción de la vía férrea a fines del siglo XIX con la línea de tren de Valdivia a Osorno y la de inicios del siglo XX que conectó a las ciudades de Osorno y Puerto Montt.
Pero el levantamiento del Camino Real también estuvo rodeado de un ambiente tenso, sobre todo con el alzamiento huilliche de septiembre y octubre 1792, donde se quemó la antigua misión religiosa que se instaló en el río Bueno y las haciendas de colonos españoles.
Desde Valdivia se respondió la violencia con violencia, pues el coronel Tomás de Figueroa sofocó el alzamiento con energía al llegar a la zona con sus tropas.
En esta campaña para contrarrestar el alzamiento, las tropas de Figueroa dan muerte al cacique Manquepan y acceden a las ruinas de la vieja ciudad de Osorno, hecho que afianza su refundación, y a su vez concreta que el camino pase más allá del río Bueno.
Si bien, en nuestros días el camino principal es el de la Ruta 5 Sur, que se construyó a fines de los años sesenta del siglo XX, el viejo Camino Real aún sigue vigente, por ejemplo, en Osorno corresponde a la actual Avenida Real camino al sector Las Vegas, en el sector de Rahue Alto, y continúa al sur como la actual Ruta U-72.
Actualmente, en la provincia de Llanquihue, han surgido iniciativas de turismo rural para potenciar las visitas a esta vieja ruta colonial, una de las primeras de Chile. Recibe nuestras noticias en: WhatsApp | Instagram | Newsletter.

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