Historias DiarioSur
Por Pablo Santiesteban , 8 de octubre de 2022 | 13:16

Treutler, el aventurero obsesionado con el oro de Valdivia y Mariquina

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Paul Treutler estuvo a punto de morir ajusticiado por los mapuches. Él mismo se fotografiaba con miembros del pueblo autóctono como muestra esta imagen. Crédito: Museo Nacional de Historia Natural de Chile.
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Había caído la noche y Paul Treutler y sus compañeros estaban atados de manos y pies al interior de una ruca del lonko Aburto de Niguén y esperando su suerte.

En dos años de exploraciones por la provincia de Valdivia y el sur de la Araucanía ya conocía perfectamente el talante de los mapuches lafkenches. Si eras amigo te acogían con agrado, de hecho, el mismo Treutler ya era compadre del lonko Huilcafiel, luego que este le cediera a tres de sus hijos para que el mismo alemán los bautizara en la fe católica y sea su padrino.

Pero si los mapuches te consideraban un enemigo, sólo cabía esperar una terrible venganza. El alemán aún llevaba en sus recuerdos los gritos de dolor de la muchacha mapuche que fue quemada en una hoguera y que había sido acusada de envenenar a un miembro de su tribu. Tal era la justicia de los mapuches a mediados del siglo XIX.

Aunque la suerte estaba de lado de Treutler. 

Sus amigos los lonkos Voitén y Antulef entraron de noche a la ruca, liberaron al alemán y a los miembros de su expedición y lo ayudaron de salvarse de una muerte segura, amparado por la oscuridad y el silencio de la noche sureña.

Todo eso pasó en 1861, cuando se iniciaban las intervenciones del Ejército de Chile al norte de Valdivia en lo que se conocería como la Pacificación de la Araucanía.

Las tierras de la Araucanía eran la ambición del gobierno de Chile y de los colonos europeos que seguían llegando al país, pero para Paul Treutler su interés era otro: encontrar los lavaderos de oro de Valdivia y que los españoles explotaron en el siglo XVI.

El alemán pensaba que si encontraba el preciado metal en Valdivia y Mariquina podría recuperar la fortuna perdida en sus exploraciones por la provincia de Copiapó. Por otro lado, el gobierno le había encomendado informes de la geología y minerales en la zona.

En 1859, el geólogo Paul Treutler inició su aventura, asentándose en Valdivia, ciudad que ya experimentaba crecimiento con el empuje de los colonos alemanes que 9 años antes habían llegado radicarse ahí. Desde la ciudad de los ríos, Treutler inició sus sueños de riquezas. 

Las aventuras de este alemán que se obsesionó con el oro sureño quedaron plasmadas en los libros “La provincia de Valdivia y los araucanos” de 1859 y “Andanzas de un alemán por Chile” de 1861.

Ambas obras tienen una riqueza testimonial que alza a Treutler como un connotado cronista de Chile a mediados del siglo XIX.

El geólogo

Hijo de un magnate de la minería en el reino de Prusia, Paul Treutler nació en Waldenburg el 6 de junio de 1822. 

En 1851 el alemán viaja a la provincia de Atacama para vincularse al mundo de la minería. Permanece hasta en 1857 en el norte, pero sus esfuerzos no dieron frutos y pierden gran parte de sus haberes en dicha iniciativa.

Tras su paso por el norte, el germano llegó a Valdivia un 15 de marzo de 1859.

Así escribió su primera impresión de la ciudad: “las lluvias se habían repetido sin interrupción, permitiéndome cuando más hacer algunas cortas excursiones en los alrededores de dicha ciudad. Así es que dediqué todo mi tiempo, durante dos meses, al estudio de la historia antigua de estas comarcas i al aprendizaje del idioma araucano”.

En ese tiempo Treutler reunió datos verbales o escritos de la zona como para creer que “no solo el norte de la República abundaba en ricos minerales, sino que también existían éstos en lo que se llama la tierra araucana”, según escribió en el libro “La provincia de Valdivia y los araucanos”.

La lluvia persistía y Treutler lo único que quería era hacer una expedición hacia el valle de Mariquina, el problema era la época del año, pues era otoño y adentrarse en la selva valdiviana, con lluvia y fío, hacía difícil los avances. El germano estaba convencido que encontraría incalculables riquezas, tras leer la historia de los lavaderos de oro de los españoles.

Inicia la aventura

Tras contratar un intérprete o lenguaraz, arrieros y cateadores de minas, compró caballos, mulas de trasporte, armas e instrumentos indispensables para una expedición y mercaderías para vender entre los mapuches. El intendente Ruperto Solar contribuyó en gran parte a la expedición de Paul Treutler. 

Su plan era hacerse pasar por comerciante para así ganarse la confianza de algunos lonkos y así partió hacia San José de la Mariquina un 19 de mayo de 1859.

En esa primera expedición tomó contacto con los frailes franciscanos que evangelizaban en la zona a los que dedicó líneas de admiración por su trabajo pastoral entre los mapuches.

“Yo los vi muchas veces penetrar en el territorio araucano sin más armas que sus breviarios, dispuestos a enseñar la palabra de Dios a los salvajes”, escribió en su libro y añadió que en la escuela de estos religiosos había 20 niños, todos hijos de los principales lonkos del valle.

Paul Treutler describe el paisaje, geografía, hidrografía y clima de la zona y lo compara con Italia y hace notables descripciones de la cultura mapuches de la época.

Hace una diferenciación de los araucanos picuntos al norte de Valdivia y de los huilliches y cuncos, tanto de su organización como de su lenguaje y añade que los primeros usan vestimentas distintas a la de los indígenas del sur y que en su mayoría ya están convertidos al cristianismo.

También asegura haber conocido a los mapuches de Boroa que tuvieron una curiosa mezcla con franceses y se distinguían por tener ojos azules en sus rasgos.

Visión de los indígenas

El germano se admira de los mapuches y desde su visión europea hace comentarios sobre ellos: “Son intrépidos i valientes, no se rinden jamás i defienden palmo a palmo su territorio contra cualquiera enemigo que ose invadirlo. La patria es para él más que cuanto puede haber en el universo: ámala como ama la independencia i siempre está dispuesto a defenderla con su sangre. Celoso de su honor i el de sus mujeres, se le ve reñir a cada instante por cuaquiera palabra que los ofenda aunque indirectamente. Fiel en sus tratos, busca a sus acreedores para pagarles el día mismo que se cumple el plazo estipulado. Cuerdo, nada hace sin pensarlo. Jeneroso i agradecido, gusta de socorrer al indijente i volver favor por favor. En extremo hospitalario, jamás deja en la puerta al peregrino. De una memoria increíble, no olvida nunca el beneficio ni la injuria recibida”.

Pero Treutler trata de ser objetivo y también los critica: “Desgraciadamente al lado de éstas virtudes resaltan también algunos vicios que hacen desmerecer no poco la pintura que de éstos salvajes acabo de hacer. Entre ellos se notan principalmente la borrachera i la ociosidad”.

Añade que las mujeres tienen un carácter sumiso ante lo varones, afables, muy inteligentes y púdicas y agrega: “entre los indijenas de la Araucanía se encuentra una moralidad más pura de la que jeneralmente se cree”.

También destaca la dureza de sus juicios, pues el adulterio o el asesinato es castigado con la pena de muerte.

Surcando selvas

Treutler remontó el río Lingue hasta llegar a Mehuín y seguir hacia Queule por la costa y toma contacto con el lonko Pocura y ahí ve el duro juicio de una joven acusada de envenenamiento y a la que quemaron viva y, tras descubrir que era inocente y que más bien había sido su madre la asesina, ajusticiaron también a la segunda mujer.

Tras explorar la playa viajaron al norte hasta llegar al cerro de Nigue, donde según el alemán tras inspecionarlo con sus instrumentos habría una veta de cobre. 

También estuvo en Punupaca y visitó los primeros lavaderos de oro abandonados de la época de la conquista, lo cual lo animó aún más a seguir adelante con su empresa.

En una segunda expedición desde Valdivia, Treutler se internó mucho más profundo en la Araucanía y visitó las minas auríferas de Pumillahue en Quilche y después de una larga travesía llegó finalmente a las cercanías de Villarrica, gracias a su amistad con los caciques Vointén y Antulef.

En los siguientes años, Treutler debió recurrir a la ayuda del gobierno para seguir visitando la zona de Mariquina y también la cuenca del Ranco y la ribera del río Bueno, así como este poblado que era de importancia comercial entre la ruta de Valdivia y Osorno.

Críticas

Pero el trabajo de Paul Treutler no convenció sobre todo a personas ligadas al gobierno.

Según el antropólogo Francisco Garrido, citado en el ensayo “Un quijote prusiano en la Araucanía” publicado en el sitio web del Museo Nacional de Historia Natural, uno de sus detractores fue el político y abogado Abdón Cifuentes que impidió que el gobierno financiara las expediciones a la Araucanía.

Treutler, indignado con Cifuentes y al ver mancillada su honra hasta lo desafió a un duelo con pistolas. El político rechazó el desafío y publicó una crítica en su contra comparándolo con Orielle Antoine de Tounens, el autoproclamado rey de la Araucanía y la Patagonia.

Publica el libro “La provincia de Valdivia y los araucanos” y saca dividendos de la venta del libro, sin embargo algunos personeros de gobierno lo criticaron, pues en el libro no hay datos técnicos de estudio de riquezas que esperaban de un geólogo y acusaron que sólo era un diario de viaje. 

Según Francisco Garrido en su ensayo relata que Treutler encontró apoyo para una nueva expedición en el empresario de ferrocarriles Enrique Meiggs, quien estaba interesado en investigar un posible paso ferroviario trasandino en la Araucanía.

Desafiando la muerte

En su cuarta expedición picó espuelas a Villarrica y contrató un fotógrafo. Al llegar con el lonko Voitén éste le advirtió que las tribus habían perdido confianza sobre sus intenciones y que tuviera cuidado.

En esa expedición, el alemán capta fotografías de los indígenas de la época y para que tuvieran confianza de que la cámara no era un engaño, el mismo Treutler se fotografiaba junto a ellos, por eso en varias imágenes aparece al medio de un grupo de mapuches, usando chamanto y un grueso sombrero.

Garrido cuenta que mientras la caravana descansaba de su travesía sintieron el ruido de una tropa de caballos con unos 300 jinetes que rápidamente los rodearon. Eran de una comunidad del otro lado del río Toltén, quienes venían por ellos.

Treutler se identificó como un simple mercader que venía a comerciar en el territorio mapuche, pero no contó con que el hijo del cacique Aburto había leído el libro que había publicado en Santiago donde comentaba su estrategia para internarse a la Araucanía.

Como las relaciones de los lonkos con el gobierno de Chile eran malas, vieron al alemán como un hombre coludido con el Estado y el Ejército para espiarlos.

Por más que el germano insistió que las riquezas que encontrara las compartiría con las comunidades, los mapuches no le creyeron.

Cuando todo ya estaba perdido, sus amigos los lonkos Voitén y Antulef lo sacaron de su cautiverio a él y sus acompañantes y cabalgaron toda la noche hasta llegar a Valdivia casi de milagro.

Treutler sólo pudo rescatar algunas de sus placas fotográficas que eran de vidrio, y pudo reconstruir algunas de ellas a partir de sus fragmentos que se quebraron en la rápida huida.

El geólogo alemán entendió que ya no podría seguir buscando riquezas en la Araucanía y abandonó su proyecto.

Paul Treutler regresó a Alemania, pero sin duda el paso por Chile le impactó y escribió y publicó en 1882 el libro “Andanza de un alemán por Chile” donde comentó con mayor detalle todo lo que vio y conoció en el norte de Chile, Valdivia y la Araucanía.

El geólogo y aventurero alemán falleció el 1 de octubre de 1887 en Neu Weibstein, en el Reino de Prusia.

 

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